Por Anita Starosta y Timo Dorsch
En el extraoficial cruce fronterizo sirio-irakí de Fishkhabour-Semalka reina un vacío adormecedor. El acostumbrado bullicio en la revisión de equipaje, las largas filas frente a las taquillas, lxs niñxs que, jugando, se hacen más llevadero el tiempo de espera. Nada de esto encontramos en esta ocasión. Cruzamos la frontera en un minibús casi vacío, que avanza sobre un puente flotante que se tambalea por encima del río Tigris. El gran número de camionetas provenientes del Kurdistán irakí cargadas con bienes de ayuda de la Barzani Charity Foundation y que esperan poder cruzar hacia el noreste de Siria, nos dan un aviso de lo que nos espera en los días siguientes. Las cámaras del canal de televisión kurdo ya se encuentran posicionadas a ambos lados de la frontera pues, como ocurre siempre, la ayuda se convierte en una puesta en escena. Son los últimos días de enero cuando decidimos realizar una visita imprevista a nuestras contrapartes en Rojava y brindarles apoyo en el lugar.
Desde la ofensiva militar del gobierno de transición sirio –liderado por Hayat Tahrir al-Sham (HTS) y milicias islamistas afines– contra los barrios kurdos de Alepo el pasado 8 de enero, los acontecimientos en el norte de Siria se han precipitado. Tras el fracaso de las negociaciones entre HTS y las fuerzas armadas de la Administración Autónoma (FDS: Fuerzas Democráticas Sirias), las unidades de HTS no sólo avanzaron de manera sorpresiva, tomando los barrios de mayoría kurda Sheij Maqsud y Achrafieh en Alepo, sino que también entraron a otros territorios árabes que se hallaban bajo control militar de la Administración Autónoma; en cuestión de días, HTS y milicias islamistas afines ocuparon ciudades como Tabqa y Raqqa, así como la región Deir ez-Zor, incluso ante el júbilo de la población árabe local. Por si esto no fuera suficiente, unos pocos días después, la simbólica ciudad fronteriza kurda Kobane se hallaba cercada por HTS, tras recurrentes violaciones de los acuerdos de alto al fuego, el asesinato y desplazamiento de kurdxs, la apertura de cárceles y la liberación de milicianxs del Estado Islámico (EI). A la fecha, varixs colaboradorxs de la organización contraparte de medico Media Luna Roja Kurda (MRK) han sido secuestradxs, sus ambulancias y clínicas han sido incendiadas, mientras que su sede en Qamishli fue incluso el objetivo de un ataque nocturno con drones. Decenas de miles de civiles emprendieron la huida frente a los ataques sin pensarlo dos veces. La región controlada por la Administración Autónoma, que hasta ese entonces constituía dos tercios del territorio sirio, se encogió a casi la mitad de su superficie original.
¿La reconciliación? Un montón de escombros
Tiempo después, la contraparte de medico Rights Defense Initiative (RDI) reportó sobre una campaña de propaganda en redes sociales, lanzada durante la antesala de la ofensiva por canales cercanos a HTS. “Circularon noticias falsas sobre masacres y profanación de cadáveres cometidas por FDS, incitando el odio de la población árabe en contra de la población kurda”, puede leerse en las conclusiones del análisis de redes sociales que realizó RDI. De esta manera se calentaron los ánimos, creando un escenario favorable para el gobierno de transición. “También hubo odio y acoso del lado kurdo en contra de la población árabe; sin embargo, esto no pasó de manera coordinada ni colectiva. Desafortunadamente no existió una tercera fuente de noticias, reconocida por ambos lados, que fuera capaz de desmentir las noticias falsas”, explica un colaborador de RDI en una oficina calentada con radiadores y concluye: “HTS tiene una clara estrategia mediática que tendrá consecuencias sobre el proceso de reconciliación en el futuro”. Tampoco el equipo de RDI tiene claro el rumbo que seguirá este proceso, pues en la actualidad este no es más que un montón de escombros. Durante años, RDI organizó talleres en diversos lugares del país para el diálogo en común y el reconocimiento mutuo, por encima de cualquier barrera étnica y religiosa; pudimos asistir a uno de estos eventos en Raqqa, en septiembre del año pasado. Ya desde entonces, la difusión de discursos de odio a través de las redes sociales era un tema central; incluso representantes de las tribus árabes subrayaron el peligro que emanaba de dichas redes: el discurso de odio era omnipresente. En la actualidad, las advertencias de aquel entonces resuenan como un presagio funesto.

La emergencia aumenta
Ante la violencia desatada de HTS, las milicias islamistas y las células del EI, al menos 100 mil personas han emprendido la huida hacia los territorios centrales de la Administración Autónoma; ahí, actualmente impera un invierno gélido y lluvioso que no cede ni se detiene frente a la entrada de los improvisados refugios de emergencia en el lugar. Lxs desplazadxs se aglomeran en escuelas, mezquitas y en edificios vacíos en lugares como Qamishli, Dêrik o Amude, mientras que el acceso a cifras verificadas es casi imposible. Una colaboradora de MRK nos muestra una lista: tan sólo en Qamishli existen 130 refugios de emergencia para cerca de 50 mil personas que llegaron durante el mes de enero. Visitamos varios de estos refugios: los equipos de asistencia de MRK organizan la ayuda de emergencia, mientras que RDI recoge los testimonios de lxs refugiadxs y documenta crímenes cometidos. Las condiciones del alojamiento, así como las historias relatadas por las personas, se repiten; por todos lados nos encontramos con rostros cansados, cuerpos exhaustos y corazones agobiados. Las ventanas de los refugios están rotas, a través de ellas el frío implacable se ha extendido hasta cada rincón; cocinar resulta imposible, mientras que los estándares de higiene son inexistentes.
Años de ataques turcos con drones han destruido la red eléctrica urbana; gracias a los generadores de diésel instalados junto a los edificios las bombas de agua pueden ponerse en marcha, aunque sólo sea por breves momentos. Pero estas, junto con las estufas de gasóleo, contaminan el ambiente ocasionando enfermedades pulmonares y cefaleas crónicas. Al comienzo fueron sobre todo iniciativas de ayuda vecinales autoorganizadas las que atendieron a la población; lxs habitantes de Qamishli, por ejemplo, brindaron su apoyo con comida caliente y donando ropa. Entretanto, se ha puesto en marcha ayuda profesional, con más de 200 tráileres cargados con ayuda provenientes del Kurdistán irakí y la MRK trabajando sin descanso. Sin embargo, esto no es suficiente. El apoyo internacional, por ejemplo por parte de las Naciones Unidas, brilla en gran parte por su ausencia: sólo envió dos convoyes –cada uno con 25 vehículos de carga– a la asediada ciudad de Kobane. Esta cantidad de ayuda, en vista de las más de 200 mil personas que se encuentran allí, puede considerarse más bien como un gesto simbólico.
Desplazadxs, una vez más
En un refugio privado, hablamos con una familia desplazada mientras bebemos café soluble y nos calentamos junto a la estufa de gasóleo. “¿Por qué tenemos que sufrir tanto lxs kurdxs de Afrin?, se lamenta el hombre. En un rincón, sentada sobre un colchón, está su esposa con el brazo izquierdo vendado. Durante la huida fue víctima de un disparo, mientras se escondían en la parte trasera de una camioneta. Al padre del hombre una bala le alcanzó un riñón. Lo llevaron al hospital local en Hasakeh, pero falleció. Y como la morgue de ahí se encontraba abarrotada, se llevaron el cuerpo con ellxs hasta Qamishli donde, en un cementerio y en medio del frío y la nieve, cavaron una tumba durante horas. La voz del hombre se apaga. Su hija está sentada frente a él. Ella viste un suéter rosa en el que se lee: “Do you love me?”
La historia de esta familia no es un caso excepcional. Para muchxs de lxs desplazadxs, esta es ya la cuarta o quinta vez que tienen que huir en los últimos ocho años. Muchxs son originarixs de Afrin y huyeron en 2018 hacia Shahba o Sheij Maqsud, después a Tabqa, de allí a Raqqa y Hasakeh y ahora han llegado a Qamishli. Comparten experiencias similares de violencia, tienen familiares desaparecidxs, han perdido a algún pariente en la ruta de huida o han sufrido heridas graves. Aquí nadie cree en las promesas de los gobernantes de Damasco de que algún día podrán regresar; la desconfianza frente a todos los que les infligieron violencia, ocuparon sus hogares y les arrebataron todo, es demasiado profunda. Lo que, a pesar de todo, lxs une es el deseo de volver a Afrin, a sus olivares, a su hogar; allí donde podían llevar una vida sencilla pero digna, donde sus hijxs iban a la escuela y podían aprender la lengua kurda.
La falta de perspectivas y de apoyo también es evidente en el campamento Newroz, en Dêrik. Este fue levantado en 2014 por la MRK con el apoyo de medico para lxs yazidíes que huían del genocidio en Sinyar. En este campamento, hoy reconocido por la ONU, también malviven en tiendas de campaña desde 2019 casi 5 mil refugiadxs de la región de Serêkaniyê. Hasta la fecha, no hay espacio para levantar refugios de emergencia adicionales que acojan a los cientos de familias que han llegado en semanas recientes desde Sheij Maqsud o Tabqa. Ante la falta de fondos y de tiempo, la gente se ve obligada a aguantar en medio del lodo. Para lxs socorristas de emergencia, la situación se ha escapado de control. Durante una conversación, la codirectora del campamento rompe en llanto: “Necesitamos ayuda del exterior”. A su vez, declaró que lxs miembros de su equipo llevan dos semanas de trabajo sin descanso; desde los recortes de los fondos de USAID, se ven obligadxs a improvisar por todos lados. “¿Qué están haciendo sus gobiernos? ¿Por qué nos dejan a todxs aquí a nuestra suerte?”, pregunta con desesperación. Esta frase, una mezcla entre pregunta y acusación, la escucharemos con frecuencia en los siguientes días.
Si lxs representantes de los gobiernos de Israel, Francia y Estados Unidos no hubieran dado luz verde a la ofensiva militar prevista en su reunión con el gobierno interino sirio el 4 de enero en París, la situación sería muy distinta el día de hoy. Las FDS, aliadas durante años en la lucha contra el EI en el marco de una coalición internacional, fueron abandonadas justo en el momento en que el presidente de transición al-Sharaa comenzó a disfrutar de reconocimiento diplomático y se mostró dispuesto a facilitar el acceso de los intereses del capital extranjero a los recursos e infraestructura de Siria. Este repentino giro de los gobiernos occidentales es una muestra más de que son los intereses cambiantes de cada Estado los que definen sus estrategias.

Dudas frente al acuerdo
Las nuevas constelaciones de poder –tanto globales como en Siria– y la violencia contra lxs kurdxs condujeron a un nuevo acuerdo apresurado entre las FDS y los gobernantes en Damasco, en el cual se pactó un cese al fuego, así como la delineación de límites territoriales. El cierre de este acuerdo fue dado a conocer la tarde del viernes 30 de enero, provocando reacciones de júbilo entre la población de Qamishli. Durante ese fin de semana se fueron dando a conocer más detalles del mismo, los cuales fueron discutidos hasta el cansancio por las contrapartes de medico, ya sea durante viajes en coche, tomando te, o durante reuniones en sus oficinas. En un comienzo, la falta de comprensión frente a un acuerdo con los responsables de la violencia en contra de su población fue lo que determinó el ánimo. El miedo ante los combatientes de HTS que podrían estacionarse en Hasakeh o Qamishli, es grande y comprensible, como también lo es la incomprensión frente a un posible golpe final contra el proyecto de Rojava, que ha sido mantenido con vida por un incontable número de personas a base de privaciones, sufrimientos, así como de dedicación.
El ánimo apagado es también notorio cuando nos reunimos con Evin el día sábado en Hasakeh. Esta mujer, de gran fortaleza, dirigió en otros tiempos el orfanato apoyado por medico y fue presidenta de la Comisión de Mujeres. Ella relata que cuando la línea del frente se aproximó a apenas unos cuantos kilómetros de la ciudad, las calles quedaron desiertas. Ella había recibido noticias aterradoras desde Raqqa, donde los combatientes de HTS estaban recabando los nombres de las residentes que defendían los derechos de las mujeres. Incluso el centro cultural local, dirigido por una feminista árabe y en donde se impartían clases de música y arte, fue arrasado; su directora sufrió un infarto al ser testigo del ánimo de destrucción que acompañó el acto. “Rojava es y siempre ha sido un proyecto para repensar la democracia; el ataque que sufrimos no sólo estaba dirigido contra Rojava, sino también contra esta nueva idea de democracia”, resalta Evin. En el televisor, encendido al fondo, se transmiten imágenes de grandes manifestaciones en Europa.
¿Nueva unidad kurda?
Durante estos días de incertidumbre, la unidad kurda se volvió más fuerte. Si antes era habitual que las banderas de las propias fuerzas de autodefensa (YPG/YPJ) o los retratos de Öcalan marcaran el paisaje urbano de Qamishli, ahora es la bandera kurda la que ondea a lo largo de los caminos. Lxs niñxs salen a las calles gritando consignas por la unidad del pueblo kurdo, mientras que combatientes provenientes de otras partes del Kurdistán han cruzado la frontera para sumarse a la defensa de Rojava. Apenas unas horas antes de hacerse público el acuerdo, se llevó a cabo un funeral en Qamishli, para un caído proveniente del norte de Irak. Incluso Nercivan Barzani, presidente de la región autónoma del Kurdistán irakí – y por lo demás cercano al presidente de Turquía–, ensaya mensajes de solidaridad con sus hermanos y hermanas kurdxs y se posiciona como vocero en respaldo de las FDS y la Administración Autónoma. Algún provecho buscaba sacar de ello. Y dado que la idea democrática no es algo puramente kurdo ni exclusivo de la Administración Autónoma, se produjeron numerosas muestras de solidaridad desde Europa. En Qamishli, nos encontramos con una delegación de Suiza; una caravana compuesta por personas provenientes de varios países europeos y que logró llegar hasta la frontera entre Turquía y Siria. El Estado turco encontró en su solidaridad un motivo para reprimir, detener y deportar a los miembros de la misma.
¿Qué sigue?
El acuerdo del 30 de enero contempla la integración de la Administración Autónoma en la estructura central del Estado sirio, de manera similar a lo ya acordado en el pacto del 10 de marzo de 2025. El hecho de que su aplicación se retrasara tuvo que ver, en buena medida, con las masacres en contra de las minorías drusa y alauita, en las que participaron unidades de HTS. Esta violencia funcionó como una advertencia para la Administración Autónoma: quien renuncia a su propia protección, se convierte en víctima. Esto sirvió como línea roja en las negociaciones más recientes. Según las mismas, 15 mil combatientes –incluyendo a la división de mujeres YPJ– deberán incorporarse como una división militar independiente con tres unidades de combate al ejército sirio. Por otro lado –algo sin precedentes en la historia de Siria–, el gobierno de Hasakeh estará ocupado por una representación kurda, mientras que la ciudad Kobane se incorporará a la gubernatura de Alepo, manteniendo la autonomía en su administración. Las organizaciones de la sociedad civil, así como las empresas de medios, seguirán existiendo, pero tendrán que registrarse en Damasco y funcionar según lo que dicta la ley siria. Los diplomas escolares y de universidades expedidos bajo la Administración Autónoma serán reconocidos, mientras que se permitirá el retorno de todxs lxs desplazadxs a Afrin, Serêkaniyê y a otros lugares. El aparato central del Estado sirio incorporará a lxs que hasta la fecha son funcionarixs de la Administración Autónoma y se integrará también a instituciones civiles. Al mismo tiempo, el control sobre todos los yacimientos de petróleo pasará al Ministerio de Energía del gobierno central, sellando con ello el fin de la independencia económica. El aeropuerto en Qamishli, así como los corredores fronterizos hacia Turquía y el norte de Irak, serán administrados conjuntamente por Damasco y la Administración Autónoma.
La puesta en práctica de este acuerdo constituye ya la prueba decisiva para el futuro del país. ¿Se realizará con éxito la integración pacífica a pesar de la ausencia de garantías de seguridad para las minorías en el país? ¿Es el proceso de reconciliación social en el futuro algo realizable, o siquiera imaginable? A pesar del desaliento y de la amargura, en estos últimos días hemos percibido en Rojava –así como en las organizaciones contrapartes de medico– la voluntad de seguir adelante. No obstante, este seguir adelante lleva el freno de mano puesto o, como lo expresó uno de nuestros interlocutores: “Es la última oportunidad para el gobierno de transición de reconocer a las minorías sirias y hacer política con ellas. Si esto no resulta, esto marcará el comienzo de una nueva fragmentación del país.”
A lo largo de doce años, medico acompañó al proyecto democrático de la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria. Ya se trate de ayuda de emergencia para desplazadxs, derechos de la mujer o trabajo de derechos humanos: son cooperaciones de años que vinculan a medico con las personas de la región. Aún cuando el futuro sea incierto, continuamos al lado de nuestras organizaciones contrapartes: ya sea brindando ayuda directa a las personas desplazadas en refugios de emergencia, documentando crímenes contra los derechos humanos o mediante el trabajo de sensibilización y comunicación aquí en Alemania.
Anita Starosta dirige el trabajo de relaciones públicas de medico international. Además, la también historiadora es responsable de la comunicación sobre Turquía, el norte de Siria e Irak.
Timo Dorsch es el responsable de prensa de medico y está a cargo de la comunicación para Sudamérica.

