Con nosotrxs no

Por una salida de la lógica de la guerra

Nuestros tiempos están marcados por una esperanza ingenua. Mientras los noticieros transmiten diariamente las atrocidades de la guerra, esta se nos vende al mismo tiempo como la salida a los problemas de nuestro presente. Cinco años de guerra de desgaste en Ucrania, así como 25 años de la “guerra contra el terrorismo” y el horror de Gaza: el sinsentido de la guerra está muy bien documentado y, sin embargo, no parece menguar en absoluto la creencia en sus propiedades curativas. Por el contrario, los horrores de la guerra se han tornado en un argumento a favor de prepararse para entrar en ella, y quien se atreva a criticar esta lógica o a ponerla en duda, es acusadx de traición al futuro democrático, tachadx como ingenuo activista por la paz o incluso como simpatizante de Putin. ¿Cómo pudo llegarse tan lejos?

La guerra, como resulta evidente día con día, es más que un campo de batalla de personas y máquinas; es una manera de pensar el mundo, que da fundamento a lo que aparece como posible y necesario. Ella se nos presenta como la única salida imaginable a una situación que se encuentra fuera de nuestras manos, en la que todo se reduce a la producción de seguridad con medios militares; debemos estar a favor del rearme, del servicio militar y de la preparación para la guerra, pues únicamente esto hará posible la recuperación de esa seguridad tan anhelada. En palabras concisas de la banda berlinesa de rap K.I.Z.: “Estamos a favor de la paz, sin embargo, primero tenemos que vencer”. Pero, ¿qué pasaría si la victoria no llega a pesar de esta certeza de triunfo y este deseo legítimo de seguridad sólo alimenta aún más la escalada de violencia?

Todo fuera de control

Europa se encuentra ya al borde del abismo. La guerra, que dio inicio hace tiempo, se agrava de manera constante y hoy en día tiene el potencial de convertirse en el único futuro imaginable para el continente. Sus horrores asolan Ucrania y también Rusia, justo a las puertas de nuestra casa, en donde diariamente miles de personas mueren o resultan heridas, como si esto fuera necesario y lo más normal del mundo.

La lógica de la guerra define el debate político, mientras que la diplomacia y la política internacional se encuentran en su punto más bajo. Ya el “cambio de época”, anunciado por el ex canciller alemán Olaf Scholz tras el inicio de la invasión rusa a Ucrania, sugería que el rearme podría poner fin a esta guerra; a pesar de su evidente fracaso en Ucrania, la idea de que únicamente el poder militar puede asegurar la paz se convirtió en un paradigma europeo, perdiendo todo límite y radicalizándose en el proceso: la línea divisoria entre ataque y defensa se desdibuja cada vez más. Para ello, debe borrarse de la percepción el hecho de que la guerra en Ucrania ya ha ocasionado la muerte de cientos de miles de personas y ha obligado a huir a millones.

A pesar de todo esto, la esperanza en el ámbito militar para alcanzar soluciones se mantiene firme, una ilusión peligrosa que trae consigo consecuencias negativas para el Estado social, la paz y la democracia por igual. Así, nos encontramos en medio de una espiral de rearme que hasta hace algunos años resultaría inimaginable. A la cabeza de la misma está Alemania, que pretende destinar unos 700 mil millones de euros a este fin. Hasta hace poco, la ofensiva de inversión de la comisión europea llevaba el nombre “ReArm Europe”; ahora, el mismo programa se oculta bajo el supuestamente inofensivo título “Readiness2030”. Se habla de autoafirmación y de renacimiento europeo para poder vender mejor este programa de preparación para la guerra bajo el liderazgo de Alemania. ¡Y es que tiene que venderse! No obstante, el entusiasmo frente al mismo es aún limitado, así como también frente a la naturalidad con la que se coloca a Alemania como potencia líder en Europa.

La cultura política de una Europa de posguerra que pretendía aprender de dos guerras mundiales está hecha pedazos; en nombre de la paz y la democracia, no sólo se lleva a cabo una militarización sin precedentes a expensas del Estado social, sino también un ataque a los procesos democráticos y una opinión pública crítica necesaria para ellos. Los “valores occidentales” se invocan y se anulan en un mismo movimiento, mientras que las dinámicas autoritarias se vuelven evidentes: a más tardar desde la guerra en Gaza, en Alemania se plantea abiertamente un doble rasero en la aplicación del derecho internacional, así como de una razón de Estado que limita la libre expresión de manera autoritaria. Sin embargo, quien actúa así no defiende la democracia, sino que crea las condiciones para el desarrollo de un carácter autoritario. Consecuentemente, la extrema derecha en Europa tiene su lugar en esta lucha, siempre y cuando se distancie lo suficiente del Kremlin y del antisemitismo.

… De lo que se trata es de acabar con ella

Hoy en día, escapar de este callejón sin salida de guerra y rearme parece algo ilusorio; no obstante resulta imprescindible, por no decir que es cuestión de vida o muerte.

Lo que se requiere es un nuevo debate internacionalista; una perspectiva en oposición a las lógicas nacionales, a la conformación de bloques geopolíticos y a una reedición del enfrentamiento entre culturas. Una nueva solidaridad internacional con todxs aquellxs que –aquí y allá– desean poner fin a la guerra, cuyo fundamento reside en la posición común de opositorxs a la guerra en Rusia, Ucrania, Palestina, Israel, en el continente europeo y en otros lugares. Porque ellxs están ahí, aún cuando no hagan mucho ruido o se les silencie.

También se necesita una nueva idea europea; un gran proyecto que desafíe al no menos grande proyecto de la guerra, y cuya creación sería la tarea y un proceso de todxs aquellxs de quienes tanto depende en estos tiempos, pero que parecen paralizadxs e incluso han tomado ya su lugar en la guerra de trincheras, adornando su decisión en parte con argumentos antiautoritarios o antifascistas. En este contexto, el rechazo a la lógica de la guerra representa hoy en día, por igual,  una labor por la paz y la defensa de la democracia.

Urge la conformación de un movimiento internacional contra la guerra, que no necesite minimizar los crímenes de Rusia para, al mismo tiempo, criticar la irracional continuación e intensificación de la guerra en nombre del “Bien”. Es un hecho que Rusia invadió Ucrania en febrero de 2022, poniendo en marcha la espiral de violencia actual; sin embargo hoy, cinco años después, no sólo se plantea la pregunta de quién comenzó, sino también otra igualmente urgente: ¿Cómo podemos poner fin a esta guerra y su dominio sobre nuestras sociedades, nuestros pensamientos y nuestras vidas?

medico international, el 1 de septiembre de 2026

Ukraine

Projects and Partners

Since February 2022, medico has been supporting groups in Ukraine and neighbouring countries who are resisting the logic of war.