Una organización de autoayuda para excluidos presta en Mali primeros auxilios y asistencia legal, y consigue de ese modo que se la escuche en foros sociales.
No es mucho lo que une las vidas de un pequeño agricultor del África subsahariana y un urbanita europeo. Tanto el uno como el otro, sin embargo, representan el avance irremisible de la globalización cuando, cada uno a su manera, recorren el mundo en busca de la felicidad o cuando menos de entretenimiento. El sociólogo Zygmunt Bauman ha acuñado para uno y otro dos términos que reflejan por una parte los aspectos en común, pero también la enorme brecha existente entre los viajeros: turistas y vagabundos. Para los privilegiados habitantes del norte, los turistas, el viaje (y por ende la libertad de movimiento) dota a la vida de sentido. Para los vagabundos, los desposeídos habitantes del sur, la migración es en muchos casos la única posibilidad de sobrevivir. Es a ellos, sin embargo, a los que se les niega el derecho a desplazarse. Para los turistas, el Mediterráneo es un destino de libertad; para muchos vagabundos se convierte a diario en una tumba.
Muchos de nuestros proyectos están relacionados con los efectos de la migración y la huida, pero ha sido a partir de 2008 cuando Medico ha establecido un área de trabajo dedicada específicamente a la migración. El inexorable avance de la globalización, las cada vez más rígidas políticas de blindaje de la Unión Europea (aplicadas a través de FRONTEX) y el creciente número de refugiados ahogados en el Mediterráneo llevaron a Medico a cooperar por vez primera con PRO ASYL. En mayo de 2008 se presentaron en público ambas organizaciones (una centrada en la cooperación al desarrollo, otra de carácter nacional y dedicada a los derechos humanos) con el documento Emigración y protección del refugiado en tiempos de la globalización. En él. Medico y PRO ASYL llaman la atención sobre las razones de la emigración, que pueden trazarse hasta el Norte, y exigen el respeto total y efectivo de los derechos humanos de los emigrantes y con ello un cambio radical en la política europea de desarrollo y emigración. Al mismo tiempo desmantelan las catastróficas argumentaciones populistas con las que los políticos de la UE fomentan el miedo a una "avalancha de fugitivos de la pobreza". Lo que esos mismos políticos no mencionan (y esta es una circunstancia no ya característica, sino incriminatoria para tales tesis) es que un 85% de los refugiados y emigrantes no vienen a Europa, sino que permanecen en sus regiones de origen.
Quienes osan hacer el viaje acaban siendo los perdedores
Aun cuando el peligrosísimo viaje hacia Europa constituye para muchos emigrantes literalmente el último recurso, se enfrentan a él como fruto de una decisión consciente. A través de su viaje, la globalización se convierte en un proceso subversivo desde su base, ya que los emigrantes no sólo reclaman su derecho inalienable a la libre circulación, sino que llegan a imponerlo, aun cuando con muchas limitaciones. Pero muchos de los que parten acaban demasiado a menudo siendo los perdedores, puesto que se les niega este derecho con medios de una brutalidad cada vez más acusada. Entre ellos se encontraban los fundadores de la Association Malienne des Expulsés (AME), asociación de los expulsados en Malí. Algunos participaron en la famosa ocupación de la iglesia de Saint Bernard, acto fundacional del "movimiento de los sin papeles". Keita Mohamadou, actual secretario general de la AME, vivió varios años en París sin documentación. Hoy se traslada a diario al aeropuerto de Bamako para recoger a otros deportados, muchos de los cuales no podrían siquiera costearse el trayecto desde el aeropuerto a la ciudad. "Una vez llegados a nuestro país, y tras el registro en la aduana, se nos abandona a nuestra suerte", explica su compañero Ousmane Diarra. "Tras los muchos años pasados en otros lugares, los deportados se encuentran absolutamente solos: su vida se hizo añicos en otra parte".
Los colaboradores voluntarios del AME intentan paliar con sus modestos medios el descomunal trauma que para muchos supone el regreso forzado. Los deportados que no tienen familia en Bamako tienen acceso a un refugio de emergencia durante los primeros días. AME presta también atención sanitaria y asistencia legal y paga a los recién llegados sin medios el transporte hasta sus poblaciones de origen. "Intentamos recibir con dignidad a nuestros emigrantes descartados", explica Keita con amargura. Con el apoyo de Medico compraron en 2008 un minibús para el trayecto diario al aeropuerto, que hace también las veces de taxi comunitario para obtener algunos muy necesitados ingresos. Medico ha financiado también parte de los gastos corrientes resultantes de la atención a los deportados y la organización de unos talleres para repatriados.
Expulsión a la tierra de nadie
En 2007, AME estableció una oficina en Kidal, en el noroeste de Malí. Aquí, en el desierto del Sahel, comienza el camino de aquellos que pretenden cruzar el Mediterráneo para llegar a Europa. Los pactos alcanzados por la Unión Europea con Marruecos, Argelia, y Libia bajo una intensa presión, más conocidos por el frío y burocrático nombre de "acuerdos de repatriación", pretenden poner fin a su trayecto lejos de las fronteras europeas. Muchos se ven entonces deportados de frontera en frontera hasta ser abandonados dentro del territorio malí, a menudo sin agua ni alimentos. No todos los que acaban abandonados a su suerte en aquella tierra de nadie consiguen llegar hasta Kidal. En los primeros seis meses tras la apertura de su oficina en Kidal, AME atendió a 600 de estos "deportados", según la jerga oficial. Sin embargo, sus limitados medios no son suficientes para ofrecer una ayuda sostenible. Por eso, AME intenta atraer la atención pública sobre su labor en diversos foros y a través de manifestaciones. Invitado por Medico, Keita Mohamadou participó en 2008 en el Foro Social Mundial, el Foro Social Europeo y en la conferencia celebrada en Berlín sobre pobreza y salud. En mayo de 2008, Ousmane Diarra presentó ante el parlamento malí las exigencias de AME: "Nosotros decimos no a las expulsiones y deportaciones. Exigimos el reembolso de las cuotas pagadas al seguro social y los impuestos a las personas deportadas, la publicación de los acuerdos de repatriación y la creación de un fondo de solidaridad para los más pobres que les permita vivir con dignidad."
Medico apoyó a la Association Malienne des Expulsés (AME) en 2008 con un total de 23.007 €.
