Ya sea que la espalda se encorve debido a las interminables horas de trabajo a destajo frente a la máquina de coser, que los vapores tóxicos afecten las vías respiratorias o que la interrupción del salario en caso de enfermedad obligue a lxs costurerxs a asistir al trabajo aún estando enfermxs: el trabajo en las innumerables fábricas textiles de Bangladesh es altamente perjudicial para la salud. La seguridad mínima prevista por la ley existe en la mayoría de casos sólo en el papel, lo que frecuentemente obliga a lxs trabajadorxs a pagar tratamientos médicos con recursos propios, arriesgándose con ello también a perder su empleo. La enfermedad genera pobreza, la pobreza causa enfermedad. Mediante un innovador proyecto de un seguro médico colectivo, la organización contraparte de medico Gonoshasthaya Kendra (GK) intenta romper con este círculo vicioso.
Vayamos al comienzo. En Europa, las décadas de lucha de lxs trabajadorxs y sus organizaciones sindicales en los siglos XIX y XX no sólo conquistaron mejores salarios, la reducción de la jornada laboral y reglamentaciones en materia de seguridad en el trabajo. También se crearon cajas de seguro de empresa, destinadas al financiamiento de la atención médica y, en parte, también al desarrollo de ofertas de prevención. Este contrato social del “capitalismo del Rin” fue rescindido o evadido en el curso de la globalización en las últimas décadas, ya que muchas empresas relocalizaron parte de sus “bancos de trabajo” hacia otros países y regiones. Así, la mayoría de los jeans, playeras y suéteres que se venden en Europa son producidos en el sur y el sureste asiático.
La explotación pone la salud en riesgo
En Bangladesh, los textiles componen el 80 por ciento de las exportaciones. En ciudades satélites de la capital Daca, como Ashulia, Panishail o Tongi, aproximadamente cuatro millones de trabajadorxs producen anualmente mercancías con un valor de 35 mil millones de dólares estadounidenses. Para muchxs bangladesíes esto significó el acceso a trabajo y pan; en particular, muchas mujeres redujeron su dependencia con respecto a sus familias y maridos. El lado negativo: aún cuando gracias a las luchas obreras y a la organización sindical de los últimos años los salarios han ido a la alza, estos permanecen por debajo de un ingreso que garantice la existencia, debido a la presión ejercida por la competencia internacional en el sector de la “moda rápida”. La producción está basada en una explotación carente de regulaciones y escasa seguridad en el trabajo; los accidentes laborales son frecuentes y las condiciones laborales extenuantes.
Desde hace algunos años, Gonoshasthaya Kendra lucha por la nueva clase de trabajadorxs industriales del país. Este ha sido un camino largo, pues fue hace ya 50 años que GK comenzó a construir una red solidaria de instituciones de salud básica en zonas rurales. Fiel al lema de su fundador Zafrullah Chowdhury: “lo pequeño es hermoso, pero lo grande es necesario”, la organización se ha convertido poco a poco en una de las más grandes organizaciones no estatales dedicadas a la salud en Bangladesh. Sus colaboradorxs brindan atención a más de un millón de personas en todas las regiones del país, transmitiendo conocimientos sobre alimentación y planificación familiar. La contraparte de medico también ha luchado por el desarrollo de una base productiva nacional en materia de salud y produce hoy en día ella misma muchos medicamentos esenciales. También la ayuda en catástrofes forma parte del trabajo de GK, como por ejemplo durante los frecuentes huracanes en el Golfo de Bengala. Cuando la fábrica textil de Rana Plaza –ubicada no muy lejos de la sede de GK– se vino abajo en 2013, sepultando a más de mil personas, GK brindó asistencia inmediata y ayudó en la rehabilitación de lxs sobrevivientes. Con ello dio inicio su trabajo para garantizar la atención médica de lxs trabajadorxs textiles.
En muchos sentidos, este era un terreno desconocido para la organización pues, a diferencia de las zonas rurales –con sus estructuras sociales estables y sus autoridades locales–, en las zonas urbanas industriales se enfrenta a una movilidad mucho mayor de las comunidades, a conflictos sociales más complejos y se involucra en el actuar de los sindicatos así como de grandes y pequeñas empresas textiles. En este contexto, GK ha puesto a prueba diversos conceptos de programas de salud para empleados de la industria textil.
Atención médica gratuita
A través de una ardua labor de convencimiento se ha conseguido cerrar acuerdos contractuales en los que GK representa una especie de “aseguradora colectiva”. Hasta la fecha, todo el personal de cinco empresas –más de 20 mil empleadxs en total– están cubiertxs por este seguro médico, mientras que en una de ellas también lxs familiares están aseguradxs. Por cada empleadx se paga un monto solidario de 600 takas (según el tipo de cambio actual, equivalentes a 4.30 euros, menos del 0.5% del salario), que en esta fase inicial es cubierto en partes iguales por la empresa y por un donante externo que, en este caso, es medico. Poco a poco, la parte financiada por la fábrica deberá ir aumentando hasta cubrir el monto total. En el marco de este programa, lxs empleadxs pueden acudir a alguno de los centros de GK y recibir atención médica gratuita: ya sea en los centros de atención ambulante en los lugares de trabajo o en los centros de salud regionales operados por GK, así como en el hospital más próximo ubicado en Savar, que hace posible atender enfermedades más complejas.
Las experiencias han sido positivas: el personal médico involucrado reporta que, gracias al fácil acceso a la atención médica, lxs trabajadorxs no sólo se reportan a causa de lesiones ocurridas en el trabajo o debido a casos de agotamiento, sino que también buscan la atención frente a malestares que anteriormente ellxs mismxs trataban de remediar –sin éxito– con medicamentos disponibles en farmacias. Con el diagnóstico y tratamiento adecuados, es posible evitar que estos se conviertan en enfermedades graves. Una trabajadora explica que el acceso fácil y rápido a la atención médica también reduce el estrés mental ocasionado por los altos costos a los que unx se enfrenta en una situación de enfermedad; por último, también el departamento de personal de las fábricas se ha mostrado satisfecho, ya que el seguro médico ha incrementado la satisfacción en el empleo, lo que a su vez reduce la fluctuación laboral. La atención médica temprana reduce asimismo el tiempo de enfermedad y, con ello, el absentismo laboral por cuestiones de salud.
No obstante, las contribuciones de la empresa para el seguro son hasta el día de hoy insuficientes para cubrir la totalidad de los gastos necesarios, lo que ocasiona que el proyecto aún dependa de apoyos externos, como el de medico. Por tanto, la estrategia de GK proyecta ganar a más empresas para el proyecto y así poder trabajar disponiendo de mayores recursos. La alternativa más inmediata de incrementar las contribuciones de las empresas es, hasta hoy, difícilmente practicable, dado que bajos estas condiciones las mismas optarían por irse con otras aseguradoras. Evaluaciones independientes han arrojado que lxs trabajadorxs desean una ampliación de los servicios cubiertos por el seguro.
¿Está creando escuela este modelo?
El modelo GK demuestra que puede funcionar. Sin embargo, para mejorar sustancialmente la atención médica para la mayor cantidad de personas posible en el país, se requieren reglamentaciones con carácter vinculante por parte de las autoridades laborales. Asimismo es necesario que las contribuciones al seguro de las empresas en el sector textil y otros –hasta hoy insuficientes– se incrementen de manera gradual. Cabe mencionar que la comisión para la reforma de la salud pública, constituida por el gobierno de transición tras la caída de la Liga Awami en el verano de 2024, ha realizado buenas propuestas para el fortalecimiento del sector público de la salud. Esto ha también ha ocurrido gracias a la incidencia y al trabajo de cabildeo de GK. Sin embargo, lxs activistas traen con razón a la memoria que GK ya había presentado tales propuestas hace treinta años y que hoy en día, con un sector salud del país en su mayoría privatizado, será más difícil llevarlas a la práctica que en aquel entonces. Sigue siendo vigente: los pequeños pasos hacia adelante son buenos, pero los grandes son necesarios.
El Dr. Andreas Wulf es experto en ayuda humanitaria de emergencia para medico, donde también trabaja temas de salud global. Junto al colega Felix Litschauer, visitó recientemente el proyecto solidario de Gonoshasthaya Kendra en Bangladesh, para conocer la situación de primera mano.
medico apoya tanto la lucha por mejores condiciones laborales y un seguro médico eficiente en las fábricas textiles de Asia, como también las demandas por estándares vinculantes en materia de derechos humanos en las cadenas globales de suministro.
