Palestina

La guerra que nunca llegó a su fin

25 jun 2026   Tiempo de lectura: 9 min

Mientras la violencia contra las comunidades palestinas en Cisjordania llegó a un nuevo máximo en 2025, la guerra en Gaza continuó con una dureza sin tregua. Por Riad Othman

Cuando se ha trabajado durante mucho tiempo sobre Palestina e Israel, unx ya no se deja llevar tan fácilmente por las grandes expectativas. medico ha trabajado muchísimo tiempo sobre Palestina e Israel, lo suficiente para aprender aquello que los editores de la antología “Daybreak in Gaza” nos recordaron en octubre de 2025, cuando nos visitaron en nuestra sede en Fráncfort del Meno. Mahmoud Muna, de la Jerusalén Este ocupada, librero cuyo negocio en Sheikh Jarrah ha sido allanado ya en varias ocasiones por la policía israelí, y Matthew Teller, historiador y escritor inglés, trajeron consigo un mensaje importante a Alemania: un llamamiento de personas de la Franja de Gaza, cuyas voces fueron recopiladas en el libro editado por Muna y Teller. El mensaje era fácil de pensar, mientras que su puesta en práctica resultaba frecuentemente difícil en vista de la situación en Palestina, en toda la región e incluso en el mundo entero. A la pregunta: ¿cómo pueden seguir teniendo esperanza?, se respondió desde Gaza: “¿cómo pueden no tenerla ustedes? Nosotrxs no podemos darnos el lujo de abandonarla, si es que queremos seguir viviendo. Por ello, por favor no dejen de hablar de Gaza, encuentren la fuerza para seguir adelante.” Suena muy fácil, ¿no? Pero al mismo tiempo suena inmensamente complicado, ¿no es cierto?

El año 2025 tuvo un sinfín de momentos oscuros cuando dirigimos la mirada hacia Palestina. No obstante, las atrocidades del segundo año del genocidio se desdibujan de manera extraña con aquellas ocurridas en el primero. ¿Fue la conducción de la guerra en 2024 realmente más brutal o simplemente pareció así porque el momento de conmoción calaba aún más hondo tras cada crueldad durante el primer año? ¿Se puede medir objetivamente la brutalidad? ¿Quizás pueda explicarse esta percepción diferenciada de ambos años con los dos “ceses al fuego” de 2025, primero entre mediados de enero y mediados de marzo, y finalmente el que comenzó en octubre?

Cese al fuego aquí, operación “Muro de Hierro” allá

Quien estuviera observando con detenimiento pudo encontrar un breve respiro, pero no esperanzas verdaderas. Es cierto que el gobierno israelí permitió –como parte del primer cese al fuego el año pasado– la entrada de más ayuda humanitaria a Gaza, tal y como estaba acordado; además, en los dos meses que duró el cese al fuego permitió la salida a más pacientes con fines de atención médica que en cualquier periodo de tiempo de duración similar, antes o después de octubre de 2023, incluido el alto al fuego vigente desde octubre de 2025. Pero también es cierto que tan sólo dos días después de la entrada en vigor del cese al fuego en la Franja de Gaza, el ejército israelí dio inicio a la operación “Muro de Hierro”, el 21 de enero de 2025 en Cisjordania. El nombre no es coincidencia: “El Muro de Hierro” es a su vez el título de un clásico de 1923 bajo la autoría del sionista revisionista Ze’ev Jabotinsky, quien abogó abiertamente por la expulsión de la totalidad de la población árabe de Palestina.

En el marco de la operación y de acciones militares que la precedieron, desde octubre de 2023 hasta 40 mil personas han sido desplazadas principalmente desde tres campamentos de refugiadxs: dos en Tulkarem y uno en Yenin. Cientos de hogares fueron destruidos sistemáticamente, ya sea demolidos con excavadoras militares o mediante el uso de explosivos. Las excavadoras de tipo D9 también dejaron partes de la infraestructura de los campamentos inutilizables, destruyendo las redes de abastecimiento de agua y de drenaje, así como el pavimento de las calles. En Yenin, el ejército ya había demolido en octubre en 2023 el monumento Al-Hissan, una escultura con forma de caballo hecha con restos de vehículos y con escombros de casas, erigida durante la segunda intifada como un símbolo de la resistencia y la firmeza del campamento (dicho sea de paso, por un artista alemán, Thomas Kilpper, en colaboración con doce adolescentes del campamento). Dos días antes, el ejército ya había destruido el monumento para el periodista palestino Shireen Abu Akleh, asesinado en Yenin por francotiradores israelíes en 2022. Asimismo, la entrada al campamento por el “Arco del retorno” cayó víctima de la furia destructiva del ejército.

Durante el mismo periodo, en el Área C –controlada en su totalidad por Israel y que abarca aproximadamente el 60% del territorio ocupado en Cisjordania– han sido desplazadas violentamente 58 comunidades de sus pueblos y aldeas desde octubre de 2023 hasta la fecha. En otras 17, parte de sus habitantes han cedido ya frente a la violencia permanente ejercida por los colonos y el ejército israelí; por lo general, se trataba de pequeñas comunidades que vivían de la cría de ovejas o del trabajo asalariado y que desde hace muchos años se encontraban expuestas a las invasiones frecuentes de lxs colonxs. Una parte considerable de la población afectada está compuesta por niñxs. Ante la frecuencia cada vez mayor y la violencia y brutalidad crecientes con que ocurren estos ataques, llega un momento en que, como padres o madres, hay que elegir entre renunciar al medio de subsistencia o huir en busca de un entorno más seguro para vivir. Bajo la ocupación, lxs niñxs aprenden rápida y dolorosamente que sus padres y madres no pueden brindarles protección.

1,828 delitos violentos contra palestinxs tan sólo en Cisjordania en 2025 marcan la continuidad de una tendencia existente desde hace años. 1,828 delitos en una superficie equivalente a un tercio del tamaño del Estado de Turingia, en Alemania, es una cifra alarmante. En ese mismo periodo, se registraron 1,521 actos de violencia de extrema derecha en todo el territorio de Alemania, sin mencionar en esta comparación la enorme diferencia numérica en cuanto al tamaño de los grupos afectados, así como del conjunto de lxs posibles agresorxs. Dicho sea de paso, en los territorios ocupados nos referimos a crímenes que por lo general son mucho más graves que los registrados en Alemania: asesinato y homicidio, lesiones graves y robo con violencia. Entre ellos se cuentan más de mil palestinxs asesinadxs desde el 7 de octubre de 2023, de los cuales por lo menos 29 casos fueron perpetrados por colonxs.

Estos acontecimientos se desarrollaron mientras, en Gaza, el breve y frágil cese al fuego llegaba prematuramente a su fin. En los hechos, el gobierno israelí impidió la entrada de ayuda humanitaria al enclave ya desde principios de marzo; el 19 de ese mes rompió unilateralmente el alto al fuego y partir de entonces reinició los bombardeos y la demolición sistemática de casas habitación en Gaza. La intensificación de la política de inducción a la hambruna a lo largo de los meses de verano de 2025 marcó un nuevo umbral de infamia en la conducción genocida de la guerra. La población de Gaza, que para ese entonces llevaba a cuestas casi dos años de desplazamiento masivo y falta de vivienda contrarios al derecho internacional, así como la denegación de ayuda humanitaria, se encontraba ya exhausta cuando estas medidas draconianas agravaron aún más la escasez de bienes cruciales para la supervivencia.

En medio de todo esto, nuestras organizaciones contrapartes en Gaza y Cisjordania, obligadas por las circunstancias, se mantuvieron activas. Entre el Jordán y Línea Verde, ellas se encargaron del abastecimiento de partes de una población desplazada que se cuenta en varios miles en los campamentos de Yenín y Tulkarem, así como de la población urbana en situación de necesidad que, de un día para otro y de forma masiva, cayó en el desempleo y la pobreza debido a la revocación generalizada de los permisos para trabajar en Israel y en los asentamientos ocupados ilegalmente, a raíz de los acontecimientos del 7 de octubre de 2023. Nuestras contrapartes intentaron también defender las tierras a través de cooperativas agrícolas frente a la ocupación violenta por parte de lxs colonxs, mientras destinaban los bienes cultivados ahí para implementar una solidaridad práctica con la comunidad palestina. Además, ayudaron en las reparaciones de viviendas dañadas por el ejército israelí.

A pesar de todo: ayuda de emergencia, clínicas móviles, ayuda psicosocial, programa escolar y mucho más

A pesar de toda la destrucción, nuestras contrapartes impartieron clases a miles de niñxs en grandes carpas improvisadas. Este proyecto tampoco estuvo a salvo de los ataques y quedó temporalmente destruido a comienzos del verano; dos colegas de la Mayasem Association fueron abatidos a tiros cuando intentaron recuperar material utilizable tras un bombardeo israelí. La Culture and Free Thought Association ofrece atención médica y psicológica de manera descentralizada en puntos móviles, poniendo énfasis en la atención de mujeres, niñxs y jóvenes. En particular, un punto de atención médica en Al-Rimal posibilitó a mujeres en la Ciudad de Gaza el acceso a tales servicios esenciales, a los que de otra forma sólo habrían podido acceder con muchas dificultades o asumiendo un peligro mayor.

Desde el 10 de octubre de 2025, rige en la Franja de Gaza un supuesto alto al fuego. No obstante, las condiciones del mismo fueron violadas desde el principio, situación que se mantiene hasta el día de hoy en condiciones de completa impunidad para el gobierno israelí. Desde octubre de 2025, varios cientos de personas han sido asesinadas por las fuerzas armadas israelíes en Gaza, mientras que en el Líbano la situación no es distinta. En el caso de Gaza, la ayuda humanitaria sigue estando drásticamente restringida, a pesar de lo acordado para la primera fase del plan de Trump-Netanyahu. El ejército israelí ha destruido hogares sistemáticamente para evitar el retorno de lxs palestinxs que los habitaban. La misma dinámica puede observarse en el sur del Líbano. Ese no sólo es nuestro análisis. Las referencias a la Nakba –la expulsión masiva de palestinxs durante la fundación del Estado de Israel– provienen también de representantes políticxs israelíes. En este sentido, lamentablemente se confirma lo que hemos constatado con frecuencia: nada en este repertorio de la opresión es nuevo. Los instrumentos se utilizan simplemente en un tiempo distinto y con diferente intensidad. Pero lo que también es cierto, tanto para nuestras contrapartes como para nosotrxs, es lo siguiente: si el proyecto de ocupación de tierras y desplazamiento tiene largo aliento, nosotrxs lo tenemos aún más. Con mayor razón cuando las personas de Gaza aún encuentran la fuerza para infundirnos ánimo aquí en Alemania. Ellas no se pueden dar el lujo de perder la esperanza. Y nosotrxs tampoco.


Riad Othman trabaja desde 2016 para medico como asesor para Oriente Próximo desde Berlín. Anteriormente se desempenhó como Director de la Oficina de medico para Israel y Palestina.

 


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