Por Valeria Hänsel y Kerem Schamberger
Desde Alemania, miramos lo que ocurre en EE.UU. con consternación: personas perseguidas y detenidas por la agencia migratoria ICE a causa de su color de piel. Niñxs interceptadxs en el bus escolar y padres y madres arrancados de sus autos mientras intentaban aparcarlos; pocos días después, son deportadxs hacia los así llamados “terceros países”, por ejemplo El Salvador, Sudán del Sur o Sierra Leona, todos ellos países que jamás han visto en su vida. Algo así no ocurre aquí, ¿cierto?
Lo que parece una distopía lejana, cada vez se acerca más a la realidad en Europa, donde Alemania no es la excepción. Desde hace meses, el Ministro del Interior Alexander Dobrindt –junto a una coalición de gobiernos afines– trabaja para eliminar el llamado “elemento de conexión” para poder deportar a personas hacia países que le son ajenos, con los que no tienen conexión alguna. La semana pasada, Dobrindt logró su primer gran avance: El Parlamento de la UE no sólo designó a siete países como nuevos “países de orígen seguros”, sino que también dio luz verde a la deportación hacia “terceros países”, siempre y cuando exista un acuerdo migratorio con dicho Estado y la persona en cuestión haya pasado por él durante su trayecto.
Esto no augura nada bueno: aproximadamente 180 mil personas en Alemania viven con un estatus de “estancia tolerada”, muchas de ellas no pueden ser deportadas hacia sus países de orígenes debido al riesgo para la vida y la integridad física que esto representa. Son principalmente estas personas a quienes el Gobierno Federal alemán ha puesto en la mira con su intento de permitir las deportaciones a terceros países.
Esta decisión del Parlamento europeo se vuelve aún más delicada ante la incorporación de la reforma del llamado “Sistema Europeo Común de Asilo” (SECA) a la legislación nacional en junio de este año. Mediante procedimientos fronterizos acelerados, las solicitudes de asilo podrían ser calificadas como “improcedentes”, lo que abriría el paso a la deportación de personas directamente a cualquier país por el que hayan transitado. En parte, esto ya es una realidad en los procesos aeroportuarios: en el marco de un proceso fronterizo, las personas pueden ser fácilmente devueltas a un aeropuerto de su ruta migratoria en vez de a su país de origen.
Ya conocemos esta práctica por el acuerdo entre la UE y Turquía, que en marzo de 2026 cumple su décimo aniversario como un ejemplo paradigmático de malas prácticas. En Grecia, las solicitudes de asilo son rechazadas por improcedentes si las personas refugiadas han pasado por Turquía durante su recorrido. Así, estas pueden ser deportadas sin que se analicen sus motivos de asilo, con destino al sistema carcelario financiado por la UE en Turquía, hacia los llamados “centros de expulsión”. Como documentó la misma Comisión Europea, casi todas las personas afectadas fueron deportadas posteriormente a sus países de orígen, en los que se les pierde la pista, haciendo imposible saber si aún viven o no. Se trata de una política de “ojos que no ven, corazón que no siente”, que invisibiliza ante la mirada europea la misma violencia que el ICE utiliza actualmente en las calles de las ciudades estadounidenses.
Pero el ejemplo del acuerdo entre la UE y Turquía también muestra otra cosa: nada se ha solucionado. Las personas siguen arribando a Grecia, siempre y cuando la guardia costera griega no logre devolverlas antes, de manera ilegal, en el mar. Esta práctica neocolonial de desplazar personas por el globo a su antojo no reduce la migración, tan sólo conduce a una negación sistemática de derechos. Quien crea que esto sólo se reduce a “lxs otrxs” y que no destruye también los principios democráticos fundamentales de la sociedad, debería mirar otra vez con atención lo que ocurre en Estados Unidos.
Valeria Hänsel es investigadora especializada en temas de migración. En medico international se desempeña como experta en migración y huida y en las políticas del régimen de frontera europeo.
Kerem Schamberger es comunicólogo y está encargado del área de huida y migración en la oficina de relaciones públicas de medico international.
