Cecosesola

Dinámica Transformativa

08/10/19   Tiempo de lectura: 11 min

Sobre el ensayo de problematizar las relaciones de dominación, donde los sujetos están siendo convertidos en objetos.

Entre las pautas básicas del trabajo de médico internacional se encuentra: “Defender la ayuda, criticarla y superarla”.  Tenemos, de una manera permanente, defender la ayuda, sea frente a las coyunturas de economías mediáticas de corta duración, sea percibiendo cómo se va estrechando el radio de acción de muchas organizaciones co-partes o sea en los discursos por la posición correcta en conflictos cargados de tensiones. Muchas veces criticamos la ayuda, reflexionando sobre relaciones de dependencia post-colonial entre dador@s y recibidor@s, fijamos posición frente al capitalismo filantrópico de las fundaciones de grandes empresas y rechazamos la instrumentalización de la ayuda en casos de conflictos bélicos. Superar la ayuda es un asunto mucho más complejo y complicado. La desolación en el mundo entero está creciendo y con ello el requerimiento de ayuda. Por lo tanto,  la ayuda en forma de apoyo a proyectos, o sea como auxilio a organizaciones marginales, es imperativa. Sin embargo, suele contener efectos secundarios que no siempre son aptos a conllevar la finalidad que, realmente, está, en nuestra visión, detrás de la ayuda: promover la emancipación.

En este sentido sabemos apreciar cuando una organización co-parte toma la decisión de no solicitar más apoyo externo porque ello sería contrario a su concepto de emancipación y al intento de ir construyendo con el esfuerzo propio.

Esto fue, precisamente, lo que nos escribió hace poco la organización co-parte de medico internacional, Cecosesola. Omo movimiento cooperativo basado en la auto-organización que pretende ir construyendo nuevas formas de relaciones solidarias no tiene una situación nada fácil en medio de la cultura rentista venezolana amalgamada con el petróleo. Los aprox. 1.300 cooperativistas logran, junto a las diferentes cooperativas que forman parte de la red, sostener servicios tan diversos como salud, mercados populares y funeraria. Un papel bien importante juega la participación de l@s cooperativistas en las tareas y proyectos colectivos. También destaca que las decisiones importantes se toman en común acuerdo: en un total de aprox. 3.000 reuniones de diferente tamaño al año. Esto requiere tiempo y espacio, y Cecosesola se brinda ambos.

Cecosesola coincide con médico internacional en la idea de una transformación de relaciones interpersonales y societarias y apuesta, en este sentido, en una continuación y profundización del proceso de aprendizaje mutuo. Sin embargo – y así lo expresan l@s cooperativistas – no quieren por ahora (no de un modo fundamentalista-dogmático) solicitar proyectos de apoyo financiero, sino fortalecer las labores desde su propio alcance.

Lo que esto significa, lo plasman l@s cooperativistas mediante el siguiente texto:

Dínamica Transformativa

Por Cecosesola

Nos encontramos dentro de una cultura que propicia unas relaciones que se fundamentan en el tener. Nuestras emociones (deseos, ambiciones, miedos) tienden a centrarse en la lucha por la acumulación de poder, riquezas y conocimientos. Estas emociones se manifiestan en una competencia, a veces abierta y en otras soterrada, por lograr tener la mayor parte de la torta para mi beneficio personal o para mi grupo de referencia (familia, organización, país). En esta lucha juega un papel estelar la búsqueda del poder económico, político y/o religioso.

Estas emociones, al ser los fundamentos de nuestra cultura, dificultan cualquier proceso transformador ya sea desde el Estado o, inclusive, desde la gestión colectiva. De manera que la mayoría de los intentos por generar procesos transformadores tienden a quedarse en cambios de forma pero no de contenido. En términos coloquiales, se termina con el mismo musiú pero solo con diferente cachimbo.

Como ejemplo, hasta donde podemos apreciar en los ejemplos históricos, esta reproducción de las relaciones utilitarias parece no haber cambiado cuando el Estado se convierte en el propietario de los medios de producción. Allí, aun cuando se intente una gestión obrera, se tiende a ir calcando la misma estructura jerárquica de dominación y control.

En muchas ocasiones esta tendencia a caer en el mismo patrón de relaciones, también está presente cuando se intenta asumir la propiedad colectivamente, queriendo eliminar las relaciones de poder por decreto, motivado por un deber ser o por un sueño donde “lo colectivo” aparece como una varita mágica. Esa libertad que se da por decreto, sin el acompañamiento de un proceso transformador que tome en cuenta que todos y todas llevamos raíces culturales que gravitan en el tener, deja un vacío de poder que es rápidamente llenado por una lucha por imponer los intereses personales de cada quién, Esta reacción tiende a manifestarse frecuentemente y con mayor fuerza en el contexto de nuestra cultura rentista venezolana. Es así, que en unos casos emergen unas relaciones caóticas de múltiples intentos de aprovechar la ocasión o en otros, en aras de la eficiencia económica, el poder termina de nuevo en manos de unos pocos que reproducen la misma relación utilitaria tradicional.

Inclusive, aun en los casos que logramos una gestión donde se va avanzando en la construcción de relaciones equitativas, el proceso muchas veces corre la suerte de desenvolverse solo puertas adentro de la organización. Se trata de un “nosotros” sumamente restringido al grupo. Con los de “afuera” tendemos a relacionamos con ese individualismo grupal repitiendo el patrón utilitario.

Aunque pareciese que estuviéramos atrapados en un círculo vicioso, sí hay camino al andar. A pesar de que nuestra cultura tiende a hacernos creer que las emociones que estimulan la lucha por el tener son la esencia de la naturaleza humana y por lo tanto son inmutables, a los seres humanos nos mueven también deseos de convivir en relaciones armónicas. Cada cultura va potenciando las emociones que marcan su accionar.

En nuestro proceso nos permitimos espacios de libertad con la intención de generar una dinámica transformadora que potencienuestros deseos de convivir en relaciones armónicas, en el disfrute del bienestar que emerge en cuanto nos alejamos de la lucha por el tener y vamos siendo personas que convivimos en la construcción de relaciones de respeto, equidad y apoyo mutuo. Por ello es menester tener muy en cuenta todas esas maneras de relacionarnos presentes en nuestra cultura que gravitan en el tener y desde allí, en el cuestionamiento y la reflexión, apuntalar un proceso educativo de transformación cultural. Que no es más que un cambio emocional, a través del cual se va trascendiendo la relación utilitaria propiciada por la cultura dentro de la cual hemos sido creados.

Una metodología sin método

Nuestro proceso educativo nunca fue diseñado ni mucho menos planificado, más bien ha ido emergiendo producto de la intuición y la reflexión.

Desde su inicio hace más de 40 años, no hemos visto la actividad económica cooperativa como un fin en sí mismo, sino más bien como una oportunidad para ir siendo personas con un compromiso social a través de un proceso de trasformación cultural. Proceso este que requiere abrir espacios de libertad que permitan poder equivocarnos, así como responsabilizarnos o no, ante las situaciones que se van presentando y así facilitar que se manifiesten las emociones que nos mueven. Para esto se fue haciendo necesario ir trascendiendo las formas organizativas tradicionales y así ir ampliando y profundizando una participación plena en el quehacer diario.

Estos espacios de libertad por lo general son cercenados por las formas organizativas tradicionales con base en líneas de mando y divisiones burocráticas. Por ello se nos  ha hecho necesario ir trascendiendo las relaciones jerárquicas, e ir derrumbando los muros mentales propios de nuestra formación cultural que crean profundas separaciones en las relaciones humanas.

Así de simple es nuestra metodología: abrimos espacios de libertad que facilitan que se manifiesten las emociones que nos mueven para que desde allí y desde la reflexión colectiva generar un proceso educativo que va profundizando relaciones de respeto, equidad y apoyo mutuo acompañadas del emerger de la confianza, de una sorprendente creatividad colectiva y una profunda identificación con nuestro proceso transformador.

Lo complejo se encuentra en que se trata de una metodología sin método. No existen ni manuales de procedimientos ni “cajas de herramientas”. A cada grupo humano le toca ir descubriendo su propio camino dentro la complejidad presente en unas relaciones humanas profundamente influidas por nuestra formación cultural.

Las cualidades de cada proceso están condicionadas por las emociones predominantes en un determinado grupo humano, emociones marcadas por nuestro contexto cultural. De manera que siempre está presente el riesgo de que  los espacios de libertad sean tomados, no como una posibilidad transformadora, sino más bien como una oportunidad para el aprovechamiento individualista.

Por eso tantos fracasos en los intentos de replicar nuestro proceso.

Pero existen otras experiencias donde se ha ido profundizando y colectivizando una emoción: el deseo de convivir aquí y ahora en relaciones de respeto, equidad y apoyo mutuo y, por lo tanto, de confianza.

Por eso también tantos aciertos. Aciertos que además se manifiestan en resultados económicos extraordinarios.

Claro está, ante tanta complejidad siempre estamos y estaremos encontrando actitudes y comportamientos individualistas que pueden frenar o potenciar nuestro proceso educativo. Complejidad que se magnifica aún más cuando hablamos de un grupo humano tan grande como el que integra la Red Cecosesola, inmersa en la cultura rentista venezolana.

La clave se encuentra en nuestra metodología: en convertir estos acontecimientos en maravillosas oportunidades para generar profundas reflexiones colectivas que van fortaleciendo nuestro proceso transformador.

Nuestras actividades

Nuestras actividades económicas-detalladas en nuestro informe del 2018- están sujetas permanentemente a múltiples tensiones. De manera que nuestros mercados, centros de salud y servicio funerario, si bien cumplen un papel cada vez más fundamental para los sectores menos favorecidos de nuestra ciudad, se encuentran permanentemente amenazados por la actual situación socio-económica (hiperinflación, bajos niveles de producción nacional, política agresiva de impuestos, controles burocráticos gubernamentales).

Ante una realidad que cambias diariamente, hemos logrado sobrevivir inventando soluciones sobre la marcha ante cada reto que se presenta. Un ejemplo lo encontramos en el campo, donde la dramática escasez y el escandaloso costo de los insumos, ha colocado a la agricultura en una situación extrema de descapitalización. Ante esta disyuntiva, que llevó a nuestros pequeños(as) productores (ras) agrícolas asociados(as) a reducir las siembras a menos de la mitad, nos esforzamos por capitalizar nuestro fondo de financiamiento, aumentando los porcentajes aportados por las cooperativas del campo y la ciudad. Este fondo se dedica prioritariamente a la compra anticipada de semillas y otros insumos agrícolas lo cual ha tenido un efecto muy importante en la recuperación de la producción.

Otro reto que hemos tenido que enfrentar, es cómo aminorar el efecto de una galopante inflación en la calidad de vida de los trabajadores y trabajadoras asociadas que damos nuestro aporte en las actividades cooperativas. Ante los efectos de una hiperinflación, todos y todas estamos sujetos a una merma importante en nuestros ingresos reales. De manera que hemos creado un fondo de medicinas para disponer de medicamentos escasos para todas las personas que formamos parte de la red y nuestros familiares. Contamos con un fondo de salud que cubre un alto porcentaje de los gastos médicos. Desarrollamos actividades (venta de productos en las ferias en nuestros días de descanso) para fortalecer nuestra caja de ahorros y así facilitarnos préstamos a muy bajo interés para gastos del hogar y/o reparar los pocos vehículos personales (modelos del siglo pasado) que nos quedan. Además, ante la alta inseguridad y la escasez del servicio de transporte en la ciudad, con nuestros vehículos hemos establecido rutas para facilitar el desplazamiento de compañeros y compañeras entre nuestras actividades y nuestros hogares.

Las mismas dificultades financieras, vividas tanto a nivel personal como organizacional, han servido de un acicate para nuestras reflexiones, así como un estímulo para clarificar la profundidad de nuestro compromiso personal con el proceso cooperativo. Mientras se multiplican las adversidades y amenazas, tiende a intensificarse nuestra creatividad y nuestra capacidad colectiva de reinventarnos ante los retos que se nos presentan. Sentimos que el hecho de ir enfrentándolos, entre todas y todos en una reflexión permanente, nos viene fortaleciendo y nos va preparando para las nuevas dificultades que seguramente se presentarán. El gran interés que ha causado a nivel internacional nuestro camino de más de 50 años también nos compromete aún más en activar todos los esfuerzos y recursos para que tal proceso no solo no fenezca sino que más bien se profundice.


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