Reflexión permanente

Ayuda crítica de emergencia

Una definición conceptual de medico international

Foto: medico 

El término de la ayuda crítica de emergencia describe un concepto que contempla la ayuda como parte de una acción política para la superación sostenible de la miseria y la falta de derechos. Mediante un enfoque dirigido a las causas, la ayuda crítica de emergencia se distingue de otros conceptos de ayuda que suelen mitigar las penurias de las personas a través de remedios sobrepuestos desde fuera, sin tomar en cuenta los efectos a largo plazo de estas intervenciones en el respectivo contexto social. De manera intencional o involuntaria, esta “ayuda rápida” contribuye en muchos sentidos a perpetuar las condiciones sociales (mundiales) que constituyen las causas sistemáticas de la miseria y la dependencia.

En cambio, la ayuda crítica de emergencia tiene como fundamento la reflexión permanente, tanto sobre las relaciones que rigen entre los necesitados de ayuda y los dispuestos a ayudar, como sobre las circunstancias políticas, sociales y culturales en las que se produce la ayuda. Como es sabido, una de las particularidades de la ayuda es su doble carácter. Por un lado, la ayuda para las personas necesitadas es un precepto humanitario del cual puede depender la mera subsistencia, y por otro la ayuda contribuye a perpetuar las condiciones que han dado lugar a la situación de necesidad. Dado que la ayuda sirve para “reparar” las fallas del sistema, también respalda la superación de la falta de legitimación política. Frente a tales ambivalencias, la ayuda crítica de emergencia reacciona intentando a la vez defender, criticar y superar las ofertas de ayuda existentes. Si bien es muy necesario, por ejemplo, prevenir que se siga socavando la ayuda social, es igualmente importante rechazar el carácter autoritario de la misma y abogar firmemente por su transformación en un financiamiento adecuado de la subsistencia.

Todos concuerdan sobre las bases ético-morales de la ayuda. También la ayuda crítica de emergencia se basa en la disposición individual de ayuda, pero más allá de ello busca crear un consenso social para asegurar un derecho legal a la asistencia en caso de necesidad. En tal caso, la ayuda ya no constituye únicamente una expresión de compasión y misericordia, sino que se encuentra enmarcada en las formas de una solidaridad democráticamente concebida.

El punto de partida para esta concepción de la ayuda se halla en las grandes declaraciones de derechos humanos, en especial en el “Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales” del año 1966. En dicho convenio, los Estados contratantes se comprometen a garantizar a todas las personas – entre otros - el derecho a la seguridad social, a una vida libre del hambre y al mejor estado de salud posible.

En el derecho internacional vigente, la superación de la necesidad se convierte así en un derecho, cuyo cumplimiento es responsabilidad del Estado. Dada la situación de crisis que afecta a la política nacional, cada vez se reducen más las garantías para los derechos de las personas. Como consecuencia de las estrategias neoliberales de globalización, la protección acordada por el derecho civil a los derechos humanos – el “Derecho a tener derechos” (Hannah Arendt) – es sometida a una presión por doquier, no sólo en los países del Sur. Queda claro que, en estos tiempos de la globalización, la garantía de los derechos sociales sólo se hace posible con la condición de extenderlos a nivel global. Esta extensión no se entiende como el establecimiento de un Estado social mundial, sino como la creación de un conjunto de convenios internacionales destinados a velar por la equiparación social y – con ello – por la liberación frente a la necesidad y la dependencia.

Para luchar contra el desastre global de la salud, cabría pensar – por ejemplo – en un sistema de financiamientos compensatorios normados por el derecho internacional, a través del cual los países ricos financiarían las necesidades de los países más pobres en lo relacionado con la salud. Un sistema de este tipo se basaría en el principio del riesgo compartido, que constituye el fundamento de los seguros solidarios de enfermedad, haciéndolo valer a nivel internacional. La asistencia en caso de necesidad o emergencia ya no dependería del buen comportamiento de los necesitados, ni de las reflexiones egoístas de los prestadores de ayuda, ni de las coyunturas mediales.

La ayuda crítica de emergencia apunta también a la idea de un mundo distinto, un mundo mejor. Reacciona contra la tendencia neoliberal de “despolitizar lo político”, según la cual también la ayuda sería reducida a un quehacer técnico-pragmático. Sin embargo, la idea de una ayuda apolítica, puramente humanitaria agranda la paradoja de la ayuda. Cuanto menos crítica sea la ayuda, mayor peligro correrá de ser instrumentalizada para fines que no dirigidos a superar la necesidad y la dependencia. “La separación entre lo humanitario y lo político que vivimos hoy en día es la fase más extrema del distanciamiento entre los derechos humanos y los derechos civiles. En última instancia, las organizaciones humanitarias – que hoy en día se acercan cada vez más a los órganos supranacionales – sólo podrán concebir la vida humana en la figura de la mera supervivencia y por lo tanto mantienen, contra sus intenciones, una solidaridad secreta con las fuerzas a las que deberían combatir.” (Georgio Agamben)

En cambio, la ayuda crítica de emergencia interviene al lado de las personas en situación de necesidad y toma posición frente a la violencia estructural responsable por las penurias y la miseria de las personas.

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