
Cuando en 2002 suscribí el llamamiento de Medico Señales de paradójica esperanza, que tanta repercusión tuvo, todos estábamos todavía conmocionados por las atrocidades cometidas durante la segunda Intifada. Han pasado cinco años, y la calma parece haber vuelto a la región, y en el centro de Tel Aviv florecen de nuevo los restaurantes que tan amargos momentos pasaron tras el estallido de la segunda Intifada. Los ejecutivos piden de nuevo agua mineral en lugar de agua del grifo. Las exportaciones y el sector tecnológico marchan viento en popa. La gente usa de nuevo el transporte público, abarrota los cafés y ya no observa asustada su entorno en busca de rostros sospechosos o bolsas abandonadas. El miedo ha desaparecido en buena medida de las calles. La política israelí de separación ha sido ensalzada a menudo como una estrategia efectiva en la lucha contra el terror y como la única vía posible para la solución del conflicto. Mis primeros meses como representante de Medico en la región me demostraron que no es posible hablar de distensión. El conflicto se manifiesta ahora en formas menos apropiadas para los titulares de los diarios.
Sorprende sobre todo la enorme discrepancia entre el bienestar de un Tel Aviv que vive ajeno a la ocupación y las espantosas condiciones cotidianas de vida en los territorios ocupados, que contradicen la retórica mediática de paz. Los bloqueos y las diversas barreras, el aislamiento casi completo de ciudades y pueblos enteros y un sofisticado sistema de control han servido para que desaparezca el miedo a atentados terroristas en las calles de Israel, pero las consecuencias para la población palestina son alarmantes. Las cada vez más estrechas redes de control no sólo empujan hacia la pobreza y la dependencia exterior a una sociedad capaz hasta hace pocos años de valerse por sí misma; han creado también espacios de exclusión jurídica y han limitado hasta niveles criminales el acceso a la salud. La creciente reducción de los espacios vitales por medio de muros visibles e invisibles resulta en desconfianza, erosión de la solidaridad y desesperación, que pueden mutar en odio y enemistades autodestructivas y socavar las estructuras existentes en la sociedad civil. Recientemente hemos podido observar en Gaza las consecuencias de un proceso similar.
El trabajo del proyecto de Medico es una respuesta en dos frentes. Dado el aislamiento del sistema sanitario de comunidades enteras en Cisjordania, hemos organizado junto con nuestra contraparte, la Palestinian Medical Relief Society (PMRS), un proyecto financiado por la UE que permite el acceso provisional a la sanidad. Las consultas móviles suministran asistencia médica básica a las comunidades excluidas de la infraestructura sanitaria. De este modo intentamos garantizar en la medida de lo posible una existencia digna para esas personas y evitar el colapso de la sociedad palestina. Tanto nuestras contrapartes como nosotros somos conscientes de que sólo estamos atenuando las consecuencias de la política de separación, en lugar de combatir sus causas: nuestra ayuda resulta útil, pero libera al estado israelí de su responsabilidad sobre unos territorios en apariencia separados pero de facto ocupados.
Este dilema nos lleva al segundo frente de nuestras actividades. A bordo de clínicas móviles, PMRS y los Physicians for Human Rights Israel (PHR – Médicos para los Derechos Humanos), también contraparte de Medico, intentan permear no sólo simbólicamente las líneas de demarcación y con ellas el statu quo. El objetivo es también sacar a los enfermos más graves de la franja de Gaza para facilitar su tratamiento en Israel. Estas actividades concretas van acompañadas de una campaña pública defendida incluso ante los tribunales con la que se fuerza a la opinión pública israelí a entender que la ocupación sigue existiendo y que no se corresponde con la imagen humanitaria que tiene de sí misma. Lo cierto es que el éxito aparente de la política de separación fomenta también tras los muros actitudes similares dentro de Israel y hace que el país retroceda varias décadas en cuestiones de derechos humanos, en especial en los de las minorías. Por este motivo, PHR ha abierto una clínica en el deprimido sur de Tel Aviv, dirigida especialmente a los trabajadores inmigrantes no árabes, carentes casi por completo de estatus legal y que en los últimos años han sustituido a los palestinos como mano de obra barata. Recientemente se han tratado allí muchos refugiados procedentes de Darfur. Al igual que en Gaza, Physicians complementa su dedicada actividad médica con una campaña en contra de la política de exclusión.
En un país de tantas fronteras, los proyectos apuntan a la conservación y ampliación de espacios que ponen de manifiesto las cada vez más profundas líneas divisorias y de exclusión en los territorios ocupados en Israel y favorecen la aparición de reductos de solidaridad. De cara a potenciarlos, Medico ha decidido abrir una oficina propia en la región: para la coordinación intensiva de los proyectos, pero también para entablar con ustedes un diálogo nuevo y más directo. Así, el blog de la página web de Medico procura transmitir una visión directa e independiente de la región y destacar posibles espacios de participación solidaria.
Tsafrir Cohen
Medico, con el apoyo financiero de la Dirección General para la Ayuda Humanitaria de la UE (ECHO), invirtió 539.991 € durante 2007 en sus proyectos en Israel y Palestina.
