
¿Cuántos "daños colaterales" están permitidos? Trabajo en defensa de los derechos humanos sobre un campo de batalla paradigmático de la guerra contra el terrorismo.
Los derechos humanos de primera generación son de naturaleza defensiva. Son derechos que protegen al individuo frente al poder estatal. Comparten con los restantes derechos una universalidad inalienable: son válidos para todo el mundo, sin excepción. Este era al menos el consenso bajo el que fueron proclamados... hasta que una "comunidad de estados" de composición indefinida pero siempre exclusiva declaró la "guerra contra el terrorismo", curiosamente en defensa de los derechos humanos. En este contexto, las potencias participantes en la guerra se arrogan el derecho de denegar a sus enemigos (los "terroristas") sus derechos humanos. En la guerra global contra el terrorismo, el conflicto de Sri Lanka adquiere una importancia casi paradigmática. Se pone aquí a prueba a la opinión pública de todo el mundo: ¿cuántas vulneraciones de los derechos humanos, cuantos "daños colaterales" está dispuesta a aceptar en nombre de su belicosa política de dominación? La respuesta a esta pregunta interesa por igual a las por lo demás muy dispares potencias que han contribuido al rearme del ejército de Sri Lanka los últimos años: EE.UU. y China, Israel e Irán, India y Pakistán. Gracias a su apoyo, el gobierno síngales cuenta con el respaldo necesario para poner fin al alto el fuego alcanzado en 2002 gracias a la intermediación noruega, con lo que la solución política que se creía inminente se antoja de nuevo lejana. Desde entonces pretende concluir por medios exclusivamente militares el enfrentamiento con los rebeldes tamiles del grupo Liberation Tigers of Tamil Eelam (LTTE).
A lo largo de 2008, los enfrentamientos militares se han recrudecido de manera dramática. El ejército ha ido conquistando paulatinamente el territorio controlado hasta entonces por los rebeldes. Incontables poblaciones han quedado destruidas, entre ellas, por supuesto, las colonias afectadas poco tiempo atrás por el tsunami y que muy recientemente habían sido reconstruidas. De nuevo, miles de familias se vieron obligadas a huir o a buscar socorro bajo condiciones insufribles en campos de refugiados. Pero la situación no se ha enconado sólo en los territorios directamente afectados por la guerra: en Colombo, la capital, los periodistas críticos con el poder y activistas pro derechos humanos están siendo perseguidos sistemáticamente. Se han producido también varios ataques racistas contra la población tamil lejos de los territorios en conflicto. Habida cuenta de lo desesperado de la situación, Medico organizó a comienzos de 2008, junto con otras organizaciones internacionales de cooperación presentes en Sri Lanka, un encuentro de activistas por la paz y pro derechos humanos para oponer resistencia a los acontecimientos en la "perla del Índico" a través del trabajo de lobby e información a escala internacional. El encuentro se produjo en Europa, ya que la extrema situación que se vive en la isla hacía imposible una reunión allí y habría puesto en serio peligro las vidas de algunos de los participantes. A lo largo de tres días acordamos un plan de acción común tanto ante violaciones graves de los derechos humanos como a propósito de nuestros proyectos a largo plazo. Desde entonces existe un intercambio diario de informaciones entre las ONGs internacionales y nuestras contrapartes en Sri Lanka en las que se trata el desarrollo de la guerra, los movimientos de los desplazados y refugiados y las condiciones dentro de los campamentos en la zona de guerra, pero también la detención de activistas pro derechos humanos, periodistas e incluso sacerdotes en Colombo; también se debate qué acciones conjuntas pueden llevarse a cabo. Entre estas se cuenta la evacuación urgente del país de compañeros amenazados, algo que en dos ocasiones hemos logrado llevar a buen puerto.
De forma paralela, y en cooperación con nuestras contrapartes en Sri Lanka, Medico organizó ayuda de emergencia para los desplazados por la guerra, pero también para los supervivientes del tsunami, quienes a causa del permanente conflicto armado residen todavía en los refugios de emergencia o han regresado a ellos. Las organizaciones con las que Medico coopera en el país (por motivos de seguridad no es posible revelar sus nombres) trabajaron a lo largo de 2008 junto a los desplazados y refugiados. Organizaron clínicas móviles y consultas médicas en los campamentos (muchas veces provisionales), dirigidas por dos médicos y por trabajadoras sanitarias que procuraron consejo y los medicamentos más imprescindibles a sus pacientes. Se distribuyeron también complementos nutricionales para combinarlos con el arroz y las lentejas y así garantizar unos mínimos de nutrición, puesto que nadie puede vivir exclusivamente de arroz y lentejas.
Estos mismos compañeros, además de prestar su ayuda sobre el terreno, proporcionaron a nuestra red internacional de información datos, informes y cifras actualizados sobre la situación para que el mundo sepa que está sucediendo lo que no debe suceder jamás: una vulneración sistemática de los derechos humanos.
La situación que se adivinaba ya en 2008 se ha hecho en 2009 triste certidumbre. En el momento de escribir estas líneas, en abril de 2009, el gobierno de Sri Lanka está lanzando masivos ataques aéreos para destruir las últimas posiciones de los rebeldes. Estos ataques afectan directamente a más de 100.000 civiles que vagan sin rumbo entre los frentes, sobreviven en campos de internamiento fuertemente vigilados y son secuestrados por los rebeldes para servir de escudos humanos frente a los bombardeos. De este modo, el derecho a la integridad física ha sido definitivamente derogado en el norte y oeste de Sri Lanka. Sólo la opinión pública internacional y una protesta a escala mundial pueden ya ofrecer algún tipo de ayuda. Desde esta perspectiva, Medico continúa sus labores de ayuda de emergencia y defensa de los derechos humanos en Sri Lanka.
En 2008 se destinaron 27.611 € a tareas de defensa de los derechos humanos y ayuda de emergencia a los refugiados en Sri Lanka.
